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Fecha: 17 de Febrero de 2016

El fútbol y la tecnología son incompatibles... por ahora

Después de una breve introducción de lo que es el “fútbol”, trataremos de presagiar porqué fútbol y tecnología son incompatibles, por lo menos en estos tiempos y en estos lares.

El fútbol, -como deporte-, es puro, es hermoso. Es interpretado por chicos, jóvenes, adultos, por todas las personas. Para “jugarlo” solo se necesita una pelota (si es un balón mejor) y gente, 2 personas o más. Solo el fútbol profesional es de 11 contra 11 jugadores, lo que representa una minoría dentro del Planeta Tierra. 

Sigamos desarrollando este magnífico deporte. Uno contra uno, o dos contra dos pueden jugar bases*. Tres contra tres ya es “partido” (aunque nada impide que uno contra uno o dos contra dos también sea partido). Un solo jugador puede hacer jueguitos, patear, correr con la pelota, transpirar, ser saludable; puede entrenar y divertirse todo lo que quiera. 

Ya tenemos la pelota y los jugadores, necesitamos la cancha y los arcos. Se juega en el barrio, la plaza, el parque, la calle, la cocina, el patio, el baldío, en el recreo; porque los arcos se hacen con ropa (remeras, camperas, pantalones), con ramas, con ladrillos;  porque las líneas son los árboles o un monumento, o piedras; porque el travesaño es de aire, o una madera cruzada o una rama que acompaña al árbol que también es el palo; porque un equipo juega con remera verde, roja, rayada, musculosa, y el otro en cuero, o también con remera verde, roja, rayada o musculosa; porque unos juegan con botines, otros con zapatillas, otros descalzos, con botitas, zapatos o botas de lluvia; porque el que se lesiona sale rengueando, le dicen “¡apoyaaa! ¡pisaaaaa fuerteee!”, le tiran agua y se queda tirado detrás del arco hasta que se van todos, apoyado en hombros o en andas. 

El chico que juega y la rompe en todas estas canchas y bajo estas condiciones -el de potrero-, más tarde la terminará rompiendo en el potrero profesional de 11. Hasta aquí el fútbol puro, el bueno. 

En este momento es en donde pretende entrar en juego la “tecnología”, arruinando este maravilloso juego –creo yo-. 

Mientas el software y los dispositivos tecnológicos pretendidos y necesarios para incorporar en el fútbol los desarrolle y programe el ser humano, este software y este hardware será vulnerable, atacable en el lugar, ciberatacable remotamente desde la esquina del estadio o desde otro continente: por intereses ($, U$s, €) de otros equipos, dirigentes, apuestas; “hinchas” que administren u operen los dispositivos; por entidades corruptas. Y vulnerable por los mismos creadores del software, del hardware, a pedido de los gobiernos, de la casa matriz del fútbol de cada región, del fútbol mundial, ya que piensen ustedes –si fueran ellos, si fuesen casas de apuestas- tendrían en la mano, en la tecla, en el joystick la posibilidad ¿irrefutable? de cobrar un penal, un gol o de anularlos; de atrasar o adelantar un pie, un brazo o una línea en un lateral, en un área, en un orsai (offside o fuera de juego). 

¿Cuánto tiempo duraría un partido?, ¿90 minutos?, ¿250 minutos?, ¿19 días y 500 noches?, diría Joaquín. 

¿Cuántas interrupciones se podrían hacer para determinar si fue adentro o afuera, si le pegó una patada o se tiró a la pileta, si la mano fue casual o hizo una faja (básquet), estaba adelantado o no? 

Supongo que el "sistema informático" entraría en acción con una jugada dudosa -pero que ha sido sancionada-, ya que si el árbitro no pita no podría pedirse la revisión y por más tecnología que se utilice, la injusticia ya se habrá cometido, a pesar de contar con toda la tecnología para ser “justo”. 

O sea, se podría revisar lo que se ha cobrado, sancionado. Y eso que se ha pitado es modificable, alterable: por las personas que manejan el software como dijimos, localmente o remotamente.

Si la pelota entró o no, si fue gol o no, se podría determinar calibrando por milímetros desde antes del comienzo del juego o en el momento en que se pida la revisión de la jugada. Tranquilamente se podrían establecer parámetros, valores o variables a favor o en contra de un equipo, de un jugador, en el ataque de un lado o en la defensa del mismo para que la pelota esté 5 mm, 1 cm o 2,30 m adelante o atrás de dónde quedó la pelota, o el pie en la cancha a diferencia de lo que muestre o “certifique” la imagen de una computadora. 

¿Cuánto es el margen de error del software? ¿Si un gol se hace en el minuto 89’ 59”, en el 90’ o en el 90’ 01” sin adicional, vale? ¿Se podría manipular el reloj del software, del hardware, se podría hacer una interferencia, se podrían borrar los datos? ¿Sonará una chicharra, un buzzer?

Si se hace una denuncia por presunto “fraude” en el sistema informático, mientras dure el tiempo (días, meses) de la auditoría del software, del hardware, de los peritos informáticos, de las pruebas forenses, de las declaraciones de los operadores del sistema, de lo competente que sea el juez, ¿quién será el campeón, quien descenderá, quien jugará la copa, quién será el goleador? 

Si hay una huelga de operadores del sistema informático, ¿se suspende el fútbol por tiempo indeterminado? 

Si el software se “cae”, se “cuelga”, ¿el partido sigue?, ¿se esperan minutos, horas, días? 

¿Se deberían eliminar los árbitros?, ¿y los jueces de línea?, ya que pitaría el dispositivo. Cuánto tiempo tardarían en venderse en el mercado “negro” y en el oficial, los botines de tapones con wifi, con inhibidores de señal para que el software no sancione o altere el fuero de juego, el penal. Los wearables (vinchas, relojes, pulseras, remeras, zapatillas) que desvíen la pelota, la realidad virtual que utilice el arquero para atraer la pelota y atajarse todo. El ayudante de campo estará sentado al lado del director técnico ¿o en un centro de comando y control manejando con un joystick a los defensores? ¿Se podrán descargar de las tiendas (store) de teléfonos y tabletas las apps que muevan a los delanteros, que enceguezcan al árbitro, que le haga un cambio de jugador al director técnico rival? 

¿La pelota en vez de pincharse se reiniciará?

De a poco fueron arruinando el fútbol, con pelotas cada vez más livianas y más “deformes” para que cualquier matungo haga un golazo por los vaivenes del recorrido del balón, el 10 es suplente, en la defensa juega el 71, el 27, el 57 y el 58, por festejar un gol (junto con los caños y los sombreros lo más lindo de este deporte) te amonestan, ¿con la nueva tecnología las camisetas tendrán un patrocinador “led” distinto por cada gol?, ¿los botines podrían explotar?

Que pasará entonces con el fútbol de potrero, ¿se deberá jugar con una tableta (tablet) en la mano, un chip en el botín?, ¿la pelota será un holograma para que el sistema la detecte?

Conclusión:

El fútbol es puro, sano, no lo molesten, no lo alteren.

La tecnología mataría al más hermoso de todos los deportes. Seguramente, y por culpa del ser humano.

¿No sería mejor que se invierta en optimizar las condiciones de todos los campos de juego, la de los espectadores, la seguridad física de todos?, ¿el juego limpio de los deportistas?, ¿el arbitraje serio, honesto?

Creo que si los jugadores ayudaran a los árbitros en vez de siempre tratar de sacar ventaja (no me refiero a la avivada –que está muy bien-) siendo mala persona (quien pega un codazo, piña o patada muy malintencionada) contra el rival de turno o haciendo una jugarreta por fuera de la ley (tirarse al piletazo, 20 goles con la mano, agarrarse del brazo de un rival para hacerse el que lo están tomando de la camiseta o directamente pegarse una trompada), no solamente contribuirían a un espectáculo de lujo para los aficionados, sino que a la felicidad interna, a la sonrisa, al placer que otorga el fútbol por estar dentro de una cancha o mirándolo. Si los jugadores solo se dedicaran a tratar de jugar bien, los directores técnicos a instruir, los árbitros a dirigir bien y humanamente, los simpatizantes solamente a disfrutar, a alentar por los colores, los dirigentes a no manipular y los periodistas solo a narrar lo que ven; el verde césped, la pelota, la red y los botines serán felices y la tecnología –en su lugar- presentando esas maravillosas estadísticas a que nos tiene acostumbrado, dando distintas visiones de las jugadas, flechitas y animaciones...

*Bases: Argentinismo, geográficamente platensismo (de la ciudad de La Plata, Argentina, Sudamérica, Sistema Solar). Es una variante del fútbol en el que se juega 1 contra 1, 2 contra 2, 16 contra 16 y así para arriba; también 1 contra 2 o 2 contra 3, en un cancha chica, a dos toques, en donde un jugador patea desde un arco y el compañero cabecea al gol o la para de pecho y mete una volea, o hacen jueguitos y patean de aire, o si la para de pecho el rival es gambeta… y así pasan las horas...la felicidad.

¡Salud!



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